Cómo ayudar a los niños a adaptarse al Jardín de Infantes

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Julieta Cohon de Patat es Profesora de Nivel Inicial. Licenciada en Gestión de la Educación inicial. Investigadora de la Pedagogía Logosófica para la Infancia. Docente del Instituto González Pecotche.

Este artículo representa una mirada desde mi labor docente, simplemente una pincelada. Quizá, quienes tengan la oportunidad de acompañar a los niños en este proceso de crecimiento dentro de las escuelas, puedan encontrar algún elemento inspirador para ampliar su propia mirada.

“Pasando por alto las comprobaciones biológicas respecto al ponderable grado de adaptación de las formas de vida vegetal y animal, hechos históricos demuestran la enorme capacidad natural del hombre para adaptarse a las más variadas e inclementes condiciones de vida. La inadaptabilidad no corresponde, pues, a lo físico, sino a lo psíquico o, más directamente, a la parte mental del individuo, por ser en la mente donde debe verificarse el transporte de un estado a otro de comprensión”. Carlos B. González Pecotche (*)

Como docente, cada vez que se acercaba el comienzo del año en el Jardín de Infantes sabía que me enfrentaba a un período crucial, donde el esfuerzo iba a ser expuesto al máximo, al tener que atender, a la vez, muchas realidades infantiles y contener también a los padres quienes, lógicamente, depositaban en mí su mayor tesoro.

EL VÍNCULO DOCENTE-NIÑO. Pronto comprendí que la clave para triunfar era que creara un puente de afecto basado en el respeto y la confianza. Hoy estoy convencida de que, creado ese vínculo, el niño puede atravesar los desafíos y aprender con gusto. Construirlo implica poner en juego nuestras mejores calidades, lo que supone superarnos cada día.

“El conocimiento solo, sin el auxilio del afecto, se torna, en lo que respecta a su contenido específico, frío e insensible para la mente humana”.

LA SERENIDAD. La serenidad como aliada en este período, fue otro aprendizaje, pues si yo, como docente, estaba serena, los niños se adaptaban más rápidamente a la nueva realidad del Jardín.
Esto es válido también para los padres. ¿Serenidad para qué? En principio para resolver, de la mejor manera posible, todos los imprevistos, lo inesperado y sobre todo para confiar en los procesos y respetarlos.

“La serenidad domina la impaciencia; dominada ésta aumenta la voluntad y también las energías”.

EL LLANTO DEL NIÑO. Muchas veces escuché decir que el llanto es normal en esta etapa de adaptación al Jardín.
Entendí que la diferencia la marca nuestro accionar como docentes: ¿qué hago con ese llanto? ¿Dejo llorar al niño hasta que “comprenda”? ¿Lo ignoro? ¡Lo consuelo!, ¡lo ayudo! converso con él. Él puede explicarme lo que le ocurre. Y si no puede hacerlo, ¿no se sentirá más aliviado, contenido por una maestra afectuosa?

“Nada hay que conmueva más que el llanto del niño cuando se piensa en su inocencia y en su falta de defensas propias.”

CON LOS PADRES. Se trata de encontrar juntos el porqué de la angustia de ese niño.
¡No siempre es por cuestiones que suceden en la escuela, no siempre es por cuestiones que suceden en la casa! ¡A veces nos sorprenden las causas de las preocupaciones de los niños!
Hay chicos que se adaptan fácilmente y transcurren felices el año escolar. Otros, comienzan bárbaro y un día ¡rompen en llanto!
Educar es aprender a resolver nuevos desafíos. Para ello nuestra mente, como docentes y como padres, debe ser flexible, no rígida… con los niños lo calculado no existe: no importa que haya concurrido al Jardín desde el año, a veces esto lo ayuda, otras, no implica un camino superado. Hay diversos factores que entran en juego. El niño va cambiando y en ese tránsito su capacidad de observación, sus necesidades e intereses van modificándose.

POR QUÉ QUEDARSE. Hay que ayudar al niño a comprender por qué necesita quedarse en el Jardín. Cada uno, dentro de su realidad, tendrá diferentes motivos y todos deben ser presentados por los adultos de manera estimulante, nunca deprimentes:

“En la mente no se produce, entonces, como en el caso físico, la adaptación espontánea que refleja el sutil movimiento de conservación de la vida a través de las alternativas a que se ve expuesta. No; en ella la adaptación se lleva a cabo en virtud de los aciertos de la inteligencia en la elaboración de una razón que sirva para sostener una posición o un comportamiento que es menester adoptar en reemplazo de otro.”

 

MAESTROS Y PADRES. Cuando fui madre ya hacía años que era maestra de Nivel Inicial. Sin embargo al nacer mi niño algo internamente cambió. La comprensión hacia las madres y padres de mis alumnos se amplió, me volví más tolerante en los juicios, más comprensiva en sus preocupaciones, más complaciente en los tiempos de espera en los procesos de resolución de conflictos. Entiendo hoy, que esto no implica olvidarse de lo que es esperable para un pequeño en ciertas etapas de la vida. Ser madre enriqueció mi tarea docente, completó mi mirada.

A su vez, debo decir aquí, que el reconocimiento de los padres a la labor del docente, las palabras de estímulo cuando hay aciertos, repercute hondamente en el desempeño de aquél y se traducen en bienestar para los niños.

El período de inicio precisa ser una experiencia feliz y lo será si todos ponemos compromiso dando lo mejor, con la convicción de que ese tiempo representa una oportunidad para desafiar la propia capacidad.

* Todas las citas pertenecen a Carlos B. González Pecotche, argentino, creador de la Pedagogía Logosófica.

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