“No tengo tiempo”

No podría recordar las veces que mencioné esa frase, creyendo era el motivo por el cual no podía incorporar nuevas actividades. ¿De cuantas oportunidades me habré perdido por decir, o solo pensar ‘’no tengo tiempo’’? ¿Realmente no tengo tiempo? ¿Hay algo que podría estar haciendo mejor?…

Algo que me ayudó a responderme estas y otras preguntas, y a empezar a generar cambios positivos con el manejo de mi tiempo, fue la idea que trae la Logosofía sobre el manejo de los pensamientos. Hoy entiendo que son éstos, los que manifestados ocasionalmente en forma negativa como prejuicios, preocupaciones, reacciones, creencias, etc. adquieren vida propia en la mente y direccionan nuestra vida llevándola por caminos incluso ajenos a nuestra propia voluntad.

En mi caso, un gran pensamiento que pude identificar es uno que me hace creer que ‘’no puedo’’. Al encarar determinadas actividades que requieren un esfuerzo grande, ya sea un examen, trabajo o proyecto, o cualquier desafío que me acerque a la posibilidad de algo nuevo, aparecía este pensamiento de forma sistemática e inconsciente para recordarme que no iba a poder con ello.  De la periódica observación de ese pensamiento, logré identificar las consecuencias directas e indirectas de su influencia cada vez que se manifestaba, por ejemplo: desgano en mis actividades, excesiva distracción, falta de voluntad para concretar objetivos, mal humor, incluso el cansancio físico se hacía presente. Sabiendo esto, ¿cómo podría pretender ser dueño de mi tiempo, si lejos estoy de serlo de pensamientos como éste que tantos perjuicios me causan? Lógicamente con todos estos efectos, ese tiempo que siempre aseguraba no tener, se pierde a diario. Siendo ahora consciente del gran impacto que este pensamiento tenía, ¿qué sentido tendría seguir dándole un espacio en mi mente?

Reconocer este pensamiento cada vez que surgía, significó en principio disminuir inmediatamente su influencia negativa. Un elemento que me sirvió para desmoronar el poder de ese pensamiento “no puedo” fue entender que era ficticio y estaba ligado a la imaginación, ya que la realidad me había demostrado reiteradas veces que sí podía cumplir con los objetivos que me proponía. Una idea que trae la Logosofía es que podemos crear pensamientos a conciencia, nutriéndolos para que crezcan con fuerza y logren el objetivo para el cual fueron creados. Siguiendo con el ejemplo anterior, otro elemento para disminuir la influencia de aquel “no puedo” fue crear el pensamiento contrario: ‘’sí puedo’’. Esto no como algo iluso, sino como estímulo obtenido de la observación de una realidad que me hacía entender que aquel ‘’no puedo’’ casi nunca era cierto. Entonces cada vez que el pensamiento negativo se manifestaba, inmediatamente surgía el otro positivo para contrarrestar su influencia.  El estudio de la Logosofía y de mi propia vida me ayudó a poder conocer los pensamientos que hay en mi mundo mental, identificarlos y usarlos a mi favor, en la medida de mis posibilidades.

Si bien este pensamiento ‘’no puedo’’ no desapareció por completo, si disminuyó notablemente su influencia, y es a través de recursos como los anteriores, con los que me valgo para enfrentar a este y otros pensamientos negativos cada vez que logro identificarlos. Hoy veo cómo mi tiempo pareciera expandirse al enfrentar estas limitaciones internas que afectan mi vivir diario, ganando parte de los espacios de tiempo que antes perdía o no sabía aprovechar.

Conocer mi propia realidad mental me ayudó a comprender con mayor amplitud el porqué de todas las cosas que hago, dirigiendo mi vida a través de elecciones más conscientes, y llevándome a sentir verdadera libertad, siendo yo quien realmente tiene el dominio de mis pensamientos y mi vida.

 

Autor: Milton Tulli (Pianista)

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